«Faltan dos o sobra uno», dijo tras un largo silencio para añadir después: «pero todo puede ser. Eso es lo importante, todo puede ser». Entonces abrió el puño izquierdo que había mantenido cerrado o al menos con la palma oculta a mi vista y me mostró un jeroglífico dibujado sobre ella con tinta negra, con rasgos entresacados de las láminas, y en los que con dificultad se podía leer algo parecido a «amor propio».[…]

JUAN BENET. Visitas de 1 a 12

 

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