“La ceniza de la rosa estructura el contorno de la rosa como el espectro de la faz configura la sonrisa y la mirada perdidas en la profundidad de los espejos. Son cosas inmóviles, suspendidas en el aire. Desaparecen lentamente cuando se sedimentan en la memoria. Evocan restos de las ciudades que amamos un día de gloria entre un repertorio de datos: tarjetas de crédito, clips monedas, cartas perfumadas, llaveros, papeles manoseados, sueños. Aún es posible ver en ellas algo más enigmático, como el ángel terrible de Rilke. Todo sigue ante nosotros; y no una sola cosa, sino muchas. Y están en torno a la noche y a las rosas de ceniza a punto de desvanecerse en la nada”.

JOAN PERUCHO. A F. Amat

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